Gobernabilidad

Avanza rajoy parte de su propuesta de reforma de la Ley electoral. Se les echa el tiempo encima para las generales y están todos, calculadoras en mano, ajustando los parámetros que les permitan gobernar más. Dicen haber descubierto dos números interesantes, curiosos, el tótem de la gobernabilidad; en ningún caso gobernará la lista que no llegue al 30 por ciento de los votos emitidos y gobernará automáticamente la lista que obtenga el 40 por ciento.

El 50 es una cifra clave porque determinaba el punto de equilibrio, límite entre mayoría y minoría, paradigma de la democracia. Estos dos descubrimientos no pasan de oportunidad, arbitrariedad y vulgaridad. Intento descubrir algo peculiar en el 40, y no lo logro por más que pienso en números, encontrarle algo razonablemente peculiar. Cualquiera a su alrededor desde el 50 bajando hasta el 30, incluido, resulta anodino. Y el cuarenta es tan rácano, como dos cervezas para cinco. Me temo que nada tiene que ver el cuarenta con la democracia.

Todas estas maniobras de campaña electoral intentan distraer la atención sobre las verdaderas claves del problema, su propia formulación. La gobernabilidad no es un concepto cotidiano para los gobernados, es propio de gobernantes. No se habla sin embargo de cuestiones importantísimas para nosotros los gobernados: la separación de poderes en origen, la representatividad imposible del sistema proporcional de listas, la representación imposible de los votantes sin mandato imperativo o el aberrante sistema de financiación pública de los partidos.

El PP llevará en su programa para las generales la reforma de la Ley electoral

Se han dado cuenta ahora, roto el consenso, que sólo con mayoría absoluta podrán gobernar. Rajoy presume de saber explicar la necesidad de reformar la Ley: igual que un partido de fútbol lo gana quién mete más goles, es razonable pensar que gane en política quién más votos reciba. Pretenden impedir que siendo las listas del PP las más votadas sean las coaliciones de partidos a posteriori las que accedan al poder en contra de “el sentir general del pueblo”.

Está claro que no se trata de una medida política que permita a los ciudadanos estrechar la correa del poder. Es una maniobra del poder y desde el poder. En ningún momento se mira el bien común, sólo el bien particular del ponente, el Partido Popular.

Si fuera una medida reclamada desde las bases, o si los españoles estuvieramos ansiosos por ver cómo cae el primer gobierno, tras la inmediata moción de censura que seguro sucedería, se hubiera planificado, publicitado y consultado mucho antes. Aznar pudo haberlo hecho con mayoría absoluta, no tanto ha de aquello. Si no reformó el poder judicial, punto que llevó en su programa electoral, ¿para qué retocar una Ley que le dio el poder absoluto en 2000?

La prueba de que la propuesta es un parche para su ocasión, es que todavía no tienen propuesta. No saben si quieren doble vuelta o que gobierne la lista más votada.

La doble vuelta con listas de partido en régimen proporcional no tiene pies ni cabeza. La doctrina oficial justifica el régimen proporcional precisamente para que todos los “colores políticos” estén representados. ¿Por qué no entonces formar gobiernos también proporcionales? Asumir la segunda vuelta con régimen proporcional sería un contrasentido, sería meter la pata y para sacarla meter la otra. Y que gobierne la lista más votada sería asumir falazmente el régimen mayoritario, sería pasar por encima de las proporciones. ¿Qué harían con las mociones de censura? No lo sabemos, ni nos interesa.

Lo que sí sabemos los repúblicos es que sin separación de poderes en origen, esto es, en la propia elección, no puede haber control del poder por parte de los gobernados, porque el poder lo controla quien lo elige, y con las listas de partido, quién elige es quien selecciona a los candidatos. Por eso el Presidente de la República Constitucional será elegido en elección separada de los diputados del Parlamento.

También sabemos que mientras siga estando vigente el sistema proporcional de listas será imposible el mandato imperativo. Y sin mandato imperativo es imposible una verdadera representación política, porque nada ata a los representantes a la voluntad de sus representados. Y sin representación, ni una sola institución del Estado es ni será representativa de la sociedad. Ni Gobierno, ni Parlamento, ni ayuntamientos, ni consejos de administración de cajas de ahorro, de RTVE, de todas las empresas públicas, de todos los órganos reguladores: del mercado, de la energía. Por eso los diputados del Congreso de la República Constitucional serán elegidos, como el Presidente, por sistema mayoritario, representando un solo diputado electo a cada uno de los distritos electorales.

Un Estado no representativo de la sociedad no tiene otro nombre que tiranía. Si los representantes no están sujetos por mandato imperativo tienen carta blanca para la corrupción. Y si la corrupción llega a extremos intolerables, hasta el crimen y el terror de Estado, entonces vivimos en la tiranía del terror. También sabemos lo que es y lo que supone, por eso los repúblicos caminamos hacia la República Constitucional.

El algodón no engaña, de las dictaduras se pasa a las oligarquías y de éstas se discurre hacia las democracias. En la senda estamos.