La revolución del sentido común

El sentido común es lábil y depende de la inteligencia, la experiencia y la propia civilización. Decía el aristócrata inglés Shaftesbury que si el sentido común de un británico o un holandés fuese correcto, el de un turco o un francés tendría que ser indudablemente muy equivocado. Sólo la estética y la verdad moral deben fundamentar el “sensus communis”, acuñado ya de forma filosófica. Pues sólo la belleza – exterior y mental – y la verdad moral – que también es estética – puede dotar al sentido común de permanencia. Hablar de sentido común un político será siempre una trapacería. No puede haber sentido común en el poder a no ser que esté aupado por una revolucuión nacional del sentido común. [Martín-Miguel Rubio Esteban]

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