República y laicismo

El otro gran principio republicano es el laicismo. La separación definitiva de la Iglesia y del Estado fue una vieja aspiración de los liberales, demócratas y republicanos españoles, aunque su realización esté aún inconclusa. El laicismo establece que es el poder político quien tiene la obligación y la responsabilidad de hacer reinar en la sociedad la tolerancia, el respeto a la conciencia íntima y a las creencias personales. Pero también es, y sobre todo actualmente, el principio de la neutralidad del Estado frente a los intereses particulares y contradictorios, de la sociedad civil. El laicismo exige del poder público la vigilancia sobre los grupos de presión, sobre los corporativismos, sobre las confesiones religiosas y los localismos, por definición indiferentes, cuando no hostiles, al interés general. Exige la neutralidad del Estado y de las instituciones, pues son los garantes de la libre elección de creencias. Lo que no es laicismo, sino barbarie, es la confrontación o la persecución religiosa. [Comentario original]

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