Ansia de poder

El deseo de poder de los nacionalistas (incluidos los terroristas) se alimenta precisamente en la obsesión por el poder de los partidos estatales. No hay que buscarle otra culpa a ese terrorismo nacionalista que el método empleado (que no es poca, por cierto, sino bien cruel). Pero sus posibilidades de victoria serían ridículas de mediar un sentido realmente nacional y realmente democrático de quienes se dicen estatales. Como éstos desconocen lo que supuestamente defienden, creen que todo, hasta la Nación, es concepto opinable. Lo que subyace no es que “los otros” tengan derecho a defender sus pretensiones ahistóricas, sino su complejo de inferioridad. Porque quieren hacerse perdonar por sus antagonistas, como si eso fuera la única forma de defender su legitimidad. Por eso, unos no se arrepienten de nada y otros suplican permanentemente que se les reconozca que son los buenos de la película. Tan buenos, que hasta entienden y perdonan a los malos. Realmente, son víctimas dobles. Por un lado, de la violencia. Y, por el otro, de su cobardía. [Comentario original]

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