La función del aparato sindical estatal

Si descontamos el trabajo honrado individual de algunos sindicalistas, sus aparatos de poder no distan ni un milímetro de cualquier otra organización oligárquica. Su corrupción es idéntica, aunque casi siempre más cutre. Buscan prebendas menores, sin atreverse a amasar las fortunas de los especuladores, pero no se separan de ellos en lo esencial. O tal vez sí: prefieren pequeñas mordidas a cambio de trabajar menos de lo que necesitarían las grandes.
La institución de los liberados sindicales es una de las más ignominiosas ofensas a la moralidad laboral.

Dicho lo cual, sin la presión (imaginaria en el régimen actual de burocracia sindical) del movimiento obrero, la indefensión de los trabajadores sería absoluta. Lo que sucede es que la legislación ha dado a los jueces de lo laboral el verdadero papel de los líderes sindicales de antaño. Ellos, y no los aparatos sindicales, son los que han heredado la reivindicación de la justicia en el conflicto social. Perteneciendo al mismo sistema, no han compartido la misma corrupción.

Lo que digo es, naturalmente, tan aplicable a nuestra monarquía de partidos como a otras repúblicas de partidos europeas. [Comentario original]

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