Novela

Uno de los campos donde más daño ha hecho la “industria cultural” que nos ha invadido a la vez que esta falsa democracia, es el de la novela. Horror al pensamiento serio, asco de la sensibilidad espiritual, abominación de la estética, indiferencia ante la verdad… enumeras. Se notó muy bien –no pudieron disimularlo- cuando hicieron académico al “descubridor” del entreguismo del siglo XIX, Arturo Pérez Reverte, de la cuadra de Prisa casualmente. Entonces se vio lo que valoraban la gran novela del siglo XX, portadora de valores éticos y estéticos, profesores universitarios como Darío Villanueva, Santos Sanz Villanueva, José Carlos Mainer, Pozuelo Yvancos, José Belmonte –que organizó un congreso en la Universidad de Murcia sobre la obra de Pérez, para demostrar que Pérez había renovado el género-, Francisco Rico, Ángel Basanta, y críticos como Ignacio Echevarría, Rafael Conte, Miguel García Posada, Jordi Gracia, por no hablar de los propios (pseudos) novelistas: Muñoz Molina, Eduardo Mendoza, Juan José Millás etc. Con referencia a la novela intelectual, a la novela de ideas, se choteaban diciendo que “quien quisiese enviar un mensaje, mandase un telegrama”. Propugnaban la novela de entretenimiento y expresamente aludían a “la novela seria”, como algo que había que desterrar. Y al más importante movimiento estético que se ha dado nunca en el género novelístico, el nouveau roman, lo tildaban, sobre todo los dos Villanueva, de insoportable. La imagen de un todoterreno de la tontería como Francisco Rico, dando un brinco y palmoteando en la Universidad Menéndez Pelayo, al tiempo que gritaba, delante de un periodista: “¡Qué bien! Lo mejor de la novela actual es que en ella se une calidad literaria y éxito de ventas.”

Desde La Fiera Literaria, Mary Luz Bodineau, que ha participado en este blog, le puso un telegrama diciendo. “La verdad, señor, es exactamente lo contrario”. Yo no sé si no hay verdadera crítica porque no hay verdadera novela, o no hay novela porque no hay crítica. El caso es que son tal para cual. Y en Ferias de Arte como ARCO, y en las Ferias del Libro, pintores y escritores ejercen de tenderos. Cuando no, también, de bufones. [Comentario original]

Cuando pensaba en la sociedad espectacular, tenía presente la identidad de los programas televisivos, en busca de audiencas masivas (telebasura), con la industria del libro, promocionando el “culturismo” literario, en busca de bet-sellers. Pero los nombres que me venían no eran los de Reverte o Marías, eso ni siquiera es suseptible de consideración, sino los de Cela, Umbral y Fernando Savater, por solo hablar de los mejores cultivadores del estilo lúdico. [AGT]

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