Pasado franquista de los dirigentes del PSOE y del PP

Ex-falangistas hay muchos en el PSOE. Recuerda que, para muchos de los militantes de los Círculos Joseantonianos, entre socialismo y liberalismo ellos preferían lo primero, así que es una evolución lógica.

También habría que precisar que no era lo mismo pertenecer a alguna institución del régimen de Franco que ser un militante activo en ella. Ésa es la diferencia que quiero precisar para no faltar a la verdad. Por lo demás, ahí van algunos ejemplos: Felipe González militó en el Frente de Juventudes de la Falange y llegó nada más y nada menos que a jefe de centuria; Barrionuevo fue un destacado miembro del SEU; Juan Luis Cebrián (próximo al PSOE) también fue un activo militante falangista; Jaume Conejero Romagasa, nombrado director de Proyección Exterior del Deporte por decreto de Pasqual Maragall el pasado 23 de mayo, y con una larga trayectoria como militante del PSC en Gavà, Barcelona, fue anteriormente delegado de la Organización Juvenil Española (OJE) en Gavà, y, una vez muerto Franco, llevó las riendas del partido de Blas Piñar, Fuerza Nueva, en Baix de Llobregat; la propia viceministra María Teresa Fernández de la Vega, al parecer, militó en organizaciones falangistas en su juventud… Desde luego, hay muchos más ex-camisas azules en el PSOE, pero los medios de esta oligarquía partitocrática tapan su pasado, porque a la Monarquía de partidos no le conviene que se conozca.

La lista de numerarios y supernumerarios del Opus Dei en el PP es interminable: Federico Trillo, Mariano Rajoy, Juan José Lucas, Jaime Mayor Oreja, Cristóbal Montoro, Loyola de Palacio, Margarita Mariscal de Gante, Isabel Tocino, José Manuel Romay Beccaría, Andrés Ollero, Julia García Valdecasas, Miguel Ángel Cortés, José María Michavila, Juan Luis de la Valina, Jesús Pedroche, Juan Ramón Calero, Ignacio Solofronca, Ana Mato, Pablo Guardans Cambó, Joaquín Abril Martorell, Alberto de la Hera, Francisco Gilet, etc… [Comentario original]

“Hemos sostenido que la caracterización de un partido político ha de hacerse por la política que sigue y la que preconiza, no por su denominación ni el significado de sus siglas ni las intenciones originarias de sus fundadores. Desde que el PSOE fue colonizado por un cúmulo de ex-jefes de escuadra de las Falanges Juveniles de Franco (los Glz Márquez, Barrionuevo, Roldán, etc), pasó de ser una fuerza burguesa conservadora a ser una fuerza oligárquica inclinada, en muchas cosas, a la extrema derecha, y desde luego monárquica a rabiar.

“El carácter social de un partido no puede ser una naturaleza oculta, un algo inescrutable, inverificable, que requeriría, para ser sacado a la luz, el don de adivinación de un zahorí o de un oráculo. La esencia no puede estar total y absolutamente divorciada de la apariencia.

“Tampoco nos hemos creído la tesis de personas animadas de la mejor intención y de sinceros sentimientos progresistas, pero de las que lamentamos discrepar, a saber que el PSOE representaría a la pequeña burguesía. Puede haber sido así en 1910 o 1920, tal vez en alguna medida hasta los años 50 aproximadamente; mas ya no era el caso del nuevo PSOE, con una dirección en buena parte ex-falangista. Y los hechos están ahí: la pequeña burguesía fue implacable y sañudamente expoliada y diezmada en el cuatuordecenio 1982-96; y, si bien, en ese período y en el cuatrienio más reciente, se ha creado una nueva pequeña burguesía dependiente (en buena medida asalariados que se han quedado sin empleo y se han colocado como autónomos), se trata de un sector social que no es la clásica pequeña burguesía, sino que se divide en dos niveles: el más alto está constituido por agentes y beneficiarios de la oligarquía; el de abajo, lo está por personas en situación de salariaje camuflado. En cualquier caso, no conozco fundamento racional alguno para sostener que el PSOE represente a ninguno de tales sectores sociales”.

Lorenzo Peña, director de la revista digital “España Roja” y militante comunista (aunque creo que está en estado de semi-expulsión del PCE)

Tomado de:
http://er.users.netlink.co.uk/babor/12marzo.htm

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Como si nada hubiera pasado

Pese a los sindicatos de los partidos, que se vieron arrastrados, triunfó la huelga general pacífica contra el Gobierno de Felipe González. El pánico de los dirigentes sindicales por el éxito imprevisto y la falta de coherencia en los medios de comunicación, permitieron el hecho insólito en Europa de que el autoritarismo corrupto del felipismo continuara gobernando, como si nada hubiera pasado. Esos son los sindicatos estatales, burocracias corrompidas de aparato, que no representan la civilizada masa trabajadora y sostienen la incivilizada Monarquía de la corrupción.

[AGT en La sociedad laboral]

Crisis total de la politica y de los politicos

El Estado monárquico nacido el 22 de noviembre de 1975, así como el sistema parlamentario para darle acomodo diseñado en 1978 han estado en permanente crisis. Y si ambos han sobrevivido ha sido por tres causas principales que han atenazado a la sociedad española:

  1. El franquismo, la servidumbre voluntaria y la teoría de las generaciones. Franco logró que, a su semejanza, nadie se metiera en política.
  2. Los españoles, con la memoria de la represión en sus corazones, prefirieron renunciar a su derecho a la libertad para quedarse con lo que de arriba venía impuesto y disfrazado de democracia moderna.
  3. La nueva generación que se hizo con el gobierno y con el Estado en esos años mantiene, sino su poder, sí su influencia.

Y todo ello impregnó la conciencia española gracias a un mayor acceso a unos medios de comunicación siempre serviles al poder, correas de transmisión de los políticos y hagiógrafos del Jefe del Estado. [Comentario original]

Tu excelente comentario menciona un elemento, la teoria de las generaciones, que no he tratado aquí, aunque si en mis libros. La idea de generación es cultural, mas que biológica. Tomada de un escritor frances, Ortega difundió la idea de que cada generacion cultural dura 15 años. Aunque este tiempo sea convencional, tiene cierto fundamento.

Han pasado dos generaciones de sosten monárquico y partitocrático. La primera agotó su ilusión con la huelga general contra la corrupcion felipista. La segunda lo ha agotado con la feroz mansedumbre del zapaterismo ante los nacionalismos. La crisis del Estado, sin crisis de Gobierno, está acompañada de una crisis total de la politica y de los politicos en la sociedad civil. Sobre este panorama nace la accion del MCRC como nuevo fenómeno político. La juventud tiene que comprenderlo como respuesta de la inteligencia y la honradez, al fracaso cultural y politico de las generaciones anteriores. [AGT]

El voto útil es la abstención

El problema que planteas es el mismo que sufrimos cuando cayó Felipe Gozález y la AEPI, que tan importante fue para desacreditarlo, se evaporó. El Mundo dejó de estar interesdao en mis articulos. Pese a lo cual dije que era imposible votar al partido de Fraga y recomendé, como simpre, la abstención. [AGT]

Perversa ley electoral

¿Qué interpretación hace del artículo hoy publicado en diario “El País” de Ignacio Sotelo donde reconoce abiertamente que España está inmersa en un sistema partitocrático fundamentado básicamente en una perversa Ley Electoral? ¿Cree usted que en su buena fe, o piensa que se está adelantando a planteamientos del tipo MCRC para que el actual sistema, basado en el consenso y la monarquía, no caiga? [Comentario original]

Conozco bien la trayectoria oportunista de ese pseudointelectual. Se adelantó a sus compañeros de partido criticando la corrupcion de la ultima etapa de Felipe González. Tiene la mentalidad típica de un reformista “a fortiori”. No cree en nada. Zapatero hace guiños a la República, abrazado a la Monarquía. No leo a Sotelo. Si critica el sistema electoral de la partitocracia, hace guiños a la democracia representativa abrazado a un partido estatal. Pero ni uno ni otro harian esos gestos si no vieran que la República Constitucional propugnada por nosotros gana terreno cada día. [AGT]

Elogio a Trevijano

No he advertido en mis seguidores signo alguno de culto a mi personalidad. Carente de sentido, en mi caso, porque este culto patológico lo producen dos patologias: el miedo a un jefe absoluto (Stalin) o la esperanza de recibir prebendas de un jefecillo corrompido (Felipe González).

El carisma, en sentido weberiano,es otra cosa. Se tiene o no se tiene. Son los demáss los que lo ven. Pero no lo crea ni es efecto de la adulación. Jamás me he sentido adulado. Todo lo más, compadecido en mis situaciones de infortunio, y compensado en mis pocas ocasiones de brillo intelectual o político.

Tengo el sufiente pudor para guardar silencio cuando se me elogia en mi presencia. Pues negar el motivo o la proporción del elogio, para parecer modesto, es tanto como pedir que se me continue alabando con mayor contundencia. Ademas, si yo amo a todos los que admiro, no puedo esperar que me amen todos los que me admiran. Pues donde tengo más admiradores es en el campo de mis adversarios. Es cierto, que dije: “temo tanto el daño de la difamacion como el de la la alabanza malévola, por excesiva o irónica”. [AGT]

Monarquía y Partitocracia

España no tuvo un proceso constituyente democrático.

Entrevista con Gonzalo Puente Ojea, diplomático español
Jose Steinsleger – La Jornada – 07-07-2004

-¿Qué papel jugaron los partidos políticos en el decenio de 1970?

-Los partidos políticos propiciaron la desmemorización colectiva. No de olvido, sino de algo más preciso: la capacidad de volverse desmemoriado: ‘Franco ha muerto. ¡Viva el rey!’ La enorme brecha generacional abierta en la sociedad en el larguísimo tiempo transcurrido facilitó las cosas. Generaciones aún jóvenes en 1976 fueron mediatizadas por una mentalidad neofranquista de la que participaba, inconscientemente, buena parte de la oposición antifranquista. Los partidos se volcaron a proteger sus intereses económicos: sustituyeron la dictadura por un sistema de representación democrática, pactaron al margen de la opinión pública y aseguraron la continuidad de instituciones ilegítimas, derivadas del golpe militar del 18 de julio de 1936, y la subsiguiente guerra civil. En suma, no hubo tránsito de la dictadura a la democracia.

-¿Cómo define usted el estatuto jurídico del gobierno español?

-En España hay un régimen democrático de derecho. El proyecto de democratización promovió que el rey siga reinando y una ley de reforma política que permitió a las cortes ordinarias del franquismo transformarse en constituyentes por decisión del rey. El rey pidió a los partidos políticos, cuatro gatos de la oposición virtual, pues la oposición real estaba disuelta, que fuesen “razonables” y “realistas”. La muerte de Franco (1975) no representó cambio ni deseo de cambio institucional. Sin embargo, los dirigentes del proceso entendieron que la dictadura tampoco podía eternizarse. Debía llegarse a formas de transacción entre una oposición nominada, con relieve propio, y un franquismo aferrado a una oposición que contaba con la potencialidad estratégica para legitimar un gobierno provisional. Luego, a puerta cerrada, se dieron los pasos para legitimar el paso de un régimen autoritario dictatorial a uno de tipo representativo democrático.

-¿Qué papel jugó el rey Juan Carlos en el proceso?

-En el otoño de 1962, habiéndome quedado de encargado de la embajada en Atenas, tuve la oportunidad de conversar frecuentemente, sin testigos, con el príncipe Juan Carlos. Recuerdo que me chocó su apología de Franco. Mostraba gran indiferencia sobre el mundo de la cultura y una notable insensibilidad ante los graves problemas derivados de la guerra civil. Quedé sorprendido ante su postura a favor de una vía intermedia que no cuestionase los fundamentos del régimen. Los hechos disiparon mis expectativas en el joven príncipe. En julio de 1969, ante el pleno de las cortes franquistas, Juan Carlos juró tres cosas: lealtad a Franco; fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y a “las demás leyes fundamentales del reino”.

El PSOE va a misa

-¿Y Felipe González?

-Felipe González es el gran culpable de haber traicionado las esperanzas de la izquierda en un cambio profundo y real. En el congreso de Suresnes (1974), González declaró que el Partido Obrero Socialista Español (PSOE) debía coligarse con el “proceso de transición” de los sectores que integraban “la burguesía que se despega del régimen”. Frase clave, habilidosamente envuelta en una retórica obrerista de camuflaje. La verdad es que fue él, Felipe, quien se estaba despegando de sus aliados naturales. Estábamos ya ante el camarada Isidoro, protegido por la policía. Después empezó la singladura que llevó al PSOE a fundar la Plataforma de Convergencia Democrática (1975), mediante un acuerdo con la Democracia Cristiana, liberales, neoconservadores del exterior, socialdemócratas y con instancias franquistas del interior. La maniobra se captó muy bien en los despachos oficiales del régimen y era coherente con los contactos secretos de González y otros bajo su batuta, con medios pro estadunidenses.

-Usted me decepciona. El rey Juan Carlos no ha resultado tan democrático como pensaba y Felipe no es hombre de izquierda…

-¿Felipe de izquierda? A inicios de los años 70, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania descubrieron en Sevilla a un grupo de jóvenes del PSOE en condiciones de refundar el partido y hacer una operación de envergadura antes de la muerte de Franco. Felipe tenía entonces un ideal confuso, procedente de la escuela católica del profesor Jiménez Fernández. No era hombre de lectura, no era socialista, no sabía nada de socialismo. Las hermandades obreras de Acción Católica le dieron una beca para estudiar en la Universidad de Lovaina. Felipe anhelaba entrar al grupo de Ruiz Jiménez, de la Democracia Cristiana (DC). Le dijeron: “¡Pero hombre, si en la DC están todos los asientos ocupados. ¿No quieres hacer carrera política?”.

-Sin embargo, el PSOE es un partido de tradición laica y republicana.

-El PSOE desapareció con la república, en los últimos dos años de la guerra civil. En la época de Francisco Largo Caballero (1869-1946), de los Alvarez Albornoz y de los grandes líderes en los años de exilio y lucha contra el franquismo, el PSOE fue laico y republicano. El viraje fue posible a partir de las graves divergencias que en 1970 se dieron entre los socialistas del exilio y del interior. Dos años después, el partido se dividió. Surgió entonces un PSOE renovado, protegido por el franquismo y dominado por los católicos. Lo contrario del PSOE que conducía su secretario general, Rodolfo Llopis. La clericalización, tecnocratización y traición de Felipe González a las bases del PSOE entrañó, en último término, la traición de la oposición de la mayoría antifranquista, que representaba los ideales democráticos del pueblo español.

[Comentario original]