La correcta administración del poder

La correcta administración del Poder es la más delicada y compleja acción de un Gobierno. Es más espinosa, si el origen de dicho Gobierno es espurio y no es consecuencia de la decisión de una amplia mayoría de la población gobernada. Pero es imposible, si además el ejercicio del Poder es partidista, sectario y malversa el interés colectivo de dicha mayoría.
Sumar partido estatal con nacionalistas y apoyos coyunturales de “pesebristas\” es traicionar, obviamente, el deseo y la voluntad del voto. Tal consenso no es más que para alcanzar el Poder e instalados en él, olvidan su ideología, se excusan en la “gobernabilidad” y se sirven en su provecho.

Por otra parte, la señal más evidente del mal Gobierno es su continua y permanente división, con la añagaza de aproximarlo al administrado. Un Gobierno que gobierne como ha de ser, no debería admitir tal argumento, so pena de reconocer su incapacidad de llegar hasta el último rincón del Estado y por ende de no saber gobernar. No debe haber cinco Administraciones, ni cuatro; en una correcta administración del Poder habrá la del Estado y la del Municipio, lo demás es generar burocracia, corrupción y desgobierno.

Finalmente, no conduce a la armonía una atomización del Gobierno ni por supuesto del Poder, al final es una estructura sin cimientos (la Ciudadanía), cuando todo emana y tiene su razón en ella. Y no vale que se le contente, con que cada cierto tiempo vota. Es una de las más viles y ruines evasivas de la partitocracia. Si los administrados no tenemos otra voz ni otra acción, que echar un papeleta cada cuatro años, el sistema no es democrático, sino totalitario, ya que asfixia la libertad y la subyuga. [Comentario original]

La propaganda del Estado de Autonomias no obedece al princio de la racionalidad de la administración publica, ni al princpio democrático de acercamiento al gobernado. La quiebra del primer principio, con el consiguiente encarecimiento, es tan evidente que no requiere ser argumentada para ser vista. Pero no sucede lo mismo con el principio democrático. Si no hay democracia en el centro ni en las extremidades.

En el Estado de Partidos, una oligarquía politica, las Autonomias crean el fenómeno que describió el gran pensador Tocqueville. La multiplicacion de centros de despotismo hace más insoportables los más cercanos al que los padece. La injusticia, la burocracia, la incompetencia y la corrupcion de los poderes autonómicos se soportan peor que los vicios de gobiernos lejanos. Se sabía en las monarquías absolutas y en las modernas dictaduras. Los Zares eran disculpados porque el pueblo suponia que no conocían lo que sus funcionarios locales hacían. Lo mismo con Franco. Sin el sentimiento nacionalista, catalanes y vascos odiarían mas a sus gobiernos autonómicos que al de Madrid. La descentralización y desconcetración del poder del Estado ha creado más centralizacion y concentracion en 17 poderes autónomos, sin aligerar ni aliviar los vicios del gobierno central. [AGT]

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Perversa ley electoral

¿Qué interpretación hace del artículo hoy publicado en diario “El País” de Ignacio Sotelo donde reconoce abiertamente que España está inmersa en un sistema partitocrático fundamentado básicamente en una perversa Ley Electoral? ¿Cree usted que en su buena fe, o piensa que se está adelantando a planteamientos del tipo MCRC para que el actual sistema, basado en el consenso y la monarquía, no caiga? [Comentario original]

Conozco bien la trayectoria oportunista de ese pseudointelectual. Se adelantó a sus compañeros de partido criticando la corrupcion de la ultima etapa de Felipe González. Tiene la mentalidad típica de un reformista “a fortiori”. No cree en nada. Zapatero hace guiños a la República, abrazado a la Monarquía. No leo a Sotelo. Si critica el sistema electoral de la partitocracia, hace guiños a la democracia representativa abrazado a un partido estatal. Pero ni uno ni otro harian esos gestos si no vieran que la República Constitucional propugnada por nosotros gana terreno cada día. [AGT]

Oportunidad a Zapatero

La irrupción de Zapatero en la política española, es el hecho más notable de la democracia española. No ha dudado en fotografiarse con la bandera republicana en Mathausen; no ha dudado en posicionarse abiertamente contra un Estado confesional; su política exterior no tiene matices de sometimiento al imperialismo; y, por ende, es abierto partidario del Estado Federal que sería incompatible con la monarquía.

Su postura, D. Antonio, es jacobina, en la tradición de D. Manuel Azaña (su jacobismo mató a la IIª República); pero ignora que para un Presidente del Gobierno, determinados gestos hacen y revelan un halo mágico que le diferencia de otros anteriores que no eran más que asalariados del poder. No he votado a Zapatero; pero ¿qué le impide al republicanismo español -que crece día a día- darle una oportunidad? Puede que si no fuere así, algún día nuestros mensajes sean de arrepentimiento. [Comentario original]

Respetado disidente de mi posición politica:

  1. Recibí a Zapatero con cierta esperanza, dentro de la que cabía en un hombre de partido. Lea ¿Vuelve la política?, en la Antología.
  2. Lo conocí y me causó buena impresion personal.
  3. Acertó en la retirada de Irak, y se equivocó como un novato imprudente en el modo de hacerlo.
  4. Acertó en su apoyo gestual a Francia y Alemania, y no ha sabido fundar una relación privilegiada.
  5. El Estado español no es confesional, yo soy ateo y considero que Zapatero hiere sin necesidad a la Iglesia. No ir a la misa del Papa es una falta de eduación política.
  6. Se fotografía con la bandera republicana, un gesto simbolico, pero le presta a la Monarquía, por interes de partido, el apoyo más fuerte que hoy tiene. Superior desde luego al del PP.
  7. No sé si defiende el Estado Federal, si lo hace es otro gesto simbólico, que no solo implica el previo despedazamiento de España para volver a unirla en un pacto federal, sino que es compatible con la Monarquía. ¿Sabes que el ideal de la falsa izquierda (Zapatero) y del nacionalismo periferico es una federacion unida bajo la Corona? ¿Sabes la funcion disgregadora de la conciencia nacional que tendría el pacto federal? ¿Te parece posible la exitencia de España por consenso de unos partidos? ¿Acaso la magia de sus gestos simbólicos pueden ocultar que es un asalariado del poder exactamente igual que Felipe González y Aznar?. ¿No está también financiado por el Estado, o sea, por los impuestos de los que votan contra el PSOE? ¿Eso es digno?
  8. El republicanismo no debe darle a Zapatero la menor oportunidad por tres razones: a) propaga la idea de una vuelta a la II Republica (reaccionarismo seguro y romanticismo nostalgico); b) el PSOE solo podría sustituir el Rey por un Presidente de la República elegido por los partidos, es decir, una República de Partidos, tan corrupta y oligocrática como la Monarquía de Juan Carlos; c) la república sólo es deseable si trae consigo la democracia, prohibiendo el sistema electoral por listas de partido, que es la base de la partitocracia, y eligiendo el Presidente por sufragio universal.
  9. ¿Por qué me considera jacobino? ¿No conoces mis tesis sobre la Revolucion francesa? No siento ningun tipo de admiración por Azaña, sino respeto por su honestidad y piedad por sus sufrimientos.
  10. ¿Crees de verdad que la II República fue matada por el jacobinismo de Azaña? Creía que el alzamiento nacional, ultrajacobino, se debió entre otras causas sociales ambicionadas por la derecha católica, a su repugnancia de los nacionalismos periféricos. Eres libre para consolarte con la idea de que no fue el golpe militar, degenerado en guerra civil, sino el jacobinismo de Azaña quien mató la República.
  11. Finalmente, condeno sin paliativos a Zapatero por haber cometido la irresponsabilidad de haber dado a ETA y al nacionalismo vasco la esperanza de que reconocerá el derecho de autodeterminacion, y por haber mentido en asunto tan grave como la oculta negociacion previa con ETA.

En resumen, tu puedes permitirte el lujo de ser ingenuo y de vivir de ilusiones. Yo no. Gracias por la educacion que se desprende de tu respetuosa disidencia, a la que correspondo con la extension y seriedad de mi respuesta. [AGT]

Se me olvido decir, por solo citar actos de simbolismo, que no es “insumisión” al imperialismo, sino pueril grosería, faltar al respeto que todo gobernante debe guardar a la bandera de otra nación extranjera invitada a un desfile militar.

La esencial diferencia que me separa de ti, amigo, es tu creencia de que ésto, la Monarquía de Partidos, el Estado de Partidos, es la democracia.

Monarquía y Partitocracia

España no tuvo un proceso constituyente democrático.

Entrevista con Gonzalo Puente Ojea, diplomático español
Jose Steinsleger – La Jornada – 07-07-2004

-¿Qué papel jugaron los partidos políticos en el decenio de 1970?

-Los partidos políticos propiciaron la desmemorización colectiva. No de olvido, sino de algo más preciso: la capacidad de volverse desmemoriado: ‘Franco ha muerto. ¡Viva el rey!’ La enorme brecha generacional abierta en la sociedad en el larguísimo tiempo transcurrido facilitó las cosas. Generaciones aún jóvenes en 1976 fueron mediatizadas por una mentalidad neofranquista de la que participaba, inconscientemente, buena parte de la oposición antifranquista. Los partidos se volcaron a proteger sus intereses económicos: sustituyeron la dictadura por un sistema de representación democrática, pactaron al margen de la opinión pública y aseguraron la continuidad de instituciones ilegítimas, derivadas del golpe militar del 18 de julio de 1936, y la subsiguiente guerra civil. En suma, no hubo tránsito de la dictadura a la democracia.

-¿Cómo define usted el estatuto jurídico del gobierno español?

-En España hay un régimen democrático de derecho. El proyecto de democratización promovió que el rey siga reinando y una ley de reforma política que permitió a las cortes ordinarias del franquismo transformarse en constituyentes por decisión del rey. El rey pidió a los partidos políticos, cuatro gatos de la oposición virtual, pues la oposición real estaba disuelta, que fuesen “razonables” y “realistas”. La muerte de Franco (1975) no representó cambio ni deseo de cambio institucional. Sin embargo, los dirigentes del proceso entendieron que la dictadura tampoco podía eternizarse. Debía llegarse a formas de transacción entre una oposición nominada, con relieve propio, y un franquismo aferrado a una oposición que contaba con la potencialidad estratégica para legitimar un gobierno provisional. Luego, a puerta cerrada, se dieron los pasos para legitimar el paso de un régimen autoritario dictatorial a uno de tipo representativo democrático.

-¿Qué papel jugó el rey Juan Carlos en el proceso?

-En el otoño de 1962, habiéndome quedado de encargado de la embajada en Atenas, tuve la oportunidad de conversar frecuentemente, sin testigos, con el príncipe Juan Carlos. Recuerdo que me chocó su apología de Franco. Mostraba gran indiferencia sobre el mundo de la cultura y una notable insensibilidad ante los graves problemas derivados de la guerra civil. Quedé sorprendido ante su postura a favor de una vía intermedia que no cuestionase los fundamentos del régimen. Los hechos disiparon mis expectativas en el joven príncipe. En julio de 1969, ante el pleno de las cortes franquistas, Juan Carlos juró tres cosas: lealtad a Franco; fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y a “las demás leyes fundamentales del reino”.

El PSOE va a misa

-¿Y Felipe González?

-Felipe González es el gran culpable de haber traicionado las esperanzas de la izquierda en un cambio profundo y real. En el congreso de Suresnes (1974), González declaró que el Partido Obrero Socialista Español (PSOE) debía coligarse con el “proceso de transición” de los sectores que integraban “la burguesía que se despega del régimen”. Frase clave, habilidosamente envuelta en una retórica obrerista de camuflaje. La verdad es que fue él, Felipe, quien se estaba despegando de sus aliados naturales. Estábamos ya ante el camarada Isidoro, protegido por la policía. Después empezó la singladura que llevó al PSOE a fundar la Plataforma de Convergencia Democrática (1975), mediante un acuerdo con la Democracia Cristiana, liberales, neoconservadores del exterior, socialdemócratas y con instancias franquistas del interior. La maniobra se captó muy bien en los despachos oficiales del régimen y era coherente con los contactos secretos de González y otros bajo su batuta, con medios pro estadunidenses.

-Usted me decepciona. El rey Juan Carlos no ha resultado tan democrático como pensaba y Felipe no es hombre de izquierda…

-¿Felipe de izquierda? A inicios de los años 70, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania descubrieron en Sevilla a un grupo de jóvenes del PSOE en condiciones de refundar el partido y hacer una operación de envergadura antes de la muerte de Franco. Felipe tenía entonces un ideal confuso, procedente de la escuela católica del profesor Jiménez Fernández. No era hombre de lectura, no era socialista, no sabía nada de socialismo. Las hermandades obreras de Acción Católica le dieron una beca para estudiar en la Universidad de Lovaina. Felipe anhelaba entrar al grupo de Ruiz Jiménez, de la Democracia Cristiana (DC). Le dijeron: “¡Pero hombre, si en la DC están todos los asientos ocupados. ¿No quieres hacer carrera política?”.

-Sin embargo, el PSOE es un partido de tradición laica y republicana.

-El PSOE desapareció con la república, en los últimos dos años de la guerra civil. En la época de Francisco Largo Caballero (1869-1946), de los Alvarez Albornoz y de los grandes líderes en los años de exilio y lucha contra el franquismo, el PSOE fue laico y republicano. El viraje fue posible a partir de las graves divergencias que en 1970 se dieron entre los socialistas del exilio y del interior. Dos años después, el partido se dividió. Surgió entonces un PSOE renovado, protegido por el franquismo y dominado por los católicos. Lo contrario del PSOE que conducía su secretario general, Rodolfo Llopis. La clericalización, tecnocratización y traición de Felipe González a las bases del PSOE entrañó, en último término, la traición de la oposición de la mayoría antifranquista, que representaba los ideales democráticos del pueblo español.

[Comentario original]

Ser o no ser del Tribunal Constitucional

¿Qué podemos esperar del Tribunal Constitucional, si la elección de sus miembros también depende de los partidos políticos? No debe sorprendernos pues, que no condene el mandato imperativo alos legisladores de los jefes de partido cuando el propio Tribunal también se encuentra sometido al mismo mandato imperativo.

Y como jurista también me pregunto ¿no será que la propia existencia de un Tribunal Constitucional así constituido es el último filtro del “atado y bien atado” de los partidos para frenar cualquier atisbo de justicia imparcial? ¿Es que la jurisdicción no es acaso única e indivisible y todo tribunal debiera apreciar en su independencia la inconstitucionalidad de un acto administrativo o una norma? ¿Para que entonces se necesitaría un TC sino para evitar que en su independencia y a través de la decantación por los recursos presentados a los Tribunales ordinarios, se determinara la constitucionalidad o no de la norma presuntamente inconstitucional? Es decir, a mi juicio, el TC es el último resorte de la partitocracia. [Comentario original]