Adiós, señores disidentes

Aprovecho este comentario para decir a todos los lectores y seguidores del MCRC, que me importan un adarme las jefaturas, presidencias o liderazgos. No pretendo nada en el terreno personal, todo en el de la libertad politica, y casi todo para la República.

Como algún oportunista, malpensado o acomplejado, ha manifestado que no admito divergencias, pondré un ejemplo ilustrativo.

Un hombre emprendedor y altruista fleta un gran barco, bonito, seguro y moderno, con destino a una isla maravillosa, donde la mayoría de sus paisanos quieren vivir. El fletador hace una invitación publica a sus compatriotas para que sin pagar pasaje viajen juntos a ese paraiso. Antes de zarpar pide voluntarios para los equipos de tripulacion y para transmitir la invitación general a ese viaje.

El barco lleva inscrito, en grandes letreros, su diseño rupturista, para navegar sin peligro por un mar helado que impide llegar al destino en barcos convencionales reformados, sin quilla rompe-hielos.

Antes de zarpar, unos invitados anónimos acusan al fletador de ser autoritario, no tolerar discrepancia y propiciar el culto a su personalidad.

El fletador responde: “no dejaré subir a este barco diseñado por mi a los que buscan seguridad en un barco reformado, y a los que me piden que retire del barco la quilla rompe-monarquía que he fabricado durante cincuenta años. Tampoco admito discrepancias en cuanto al puerto de destino. Pero ya zarpados, los tripulantes seran tan responsables como yo en la solucion de las incidencias que se opongan a nuestro destino comun. Ahi si habrá debate y discrepancia”. [AGT]

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Oportunistas

Los oportunistas nunca lo comprenderán. A ellos les basta con que la idea de la República comience a circular con naturalidad, y ya quieren participar en las elecciones municipales, y que nuestro MCRC sea un instrumento de la REGENERACIÓN DEL SISTEMA, de la REGENERACIÓN DE LA MONARQUÍA. Y se permiten darnos consejos para que no cunda el desánimo y para que admitamos la disidencia, puesto que no se pone en cuestion a mi persona. ¡Los pobres! Como si me importara que se me cuestione. No, y mil veces, no.

Mientras esté al frente de este MCRC no admitiré disidencia alguna respecto a su finalidad y a sus medios. No queremos regenerar el sistema, sino acentuar su degeneración. Los que no estén de acuerdo que se vayan a otra parte. No somos un partido y no legitimaremos el sistema. Gracias a todos los que me ayudais a excluir a oportunistas, que el hecho de confesarse republicanos impacientes no los hace idealistas. [AGT]

Ideas claras y ambiciones políticas

Al foro Cabarga

Lamento deciros que no comprendo vuestro apoyo a este MCRC. No teneis las ideas claras, pero las ambiones politicas sí. Estáis en vuestro derecho, pero este movimiento jamas apoyara a ninguna canditadura en las elecciones municipales (es lo que propone Morado), ni a las ideas reformistas de los que apoyais a los nacionalismos estatales de País Vasco o Cataluña. Son partidos que no creen en la libertad ni en la democracia, solo en su “nación”. Eso se puede comprender. Pero de ahí a que asumamos sus sentimientos, se opone un abismo. Pues sería signo de servidumbre asumir los odios ajenos. El dialogo no enriquece, pero entristece, cuando el tema es el de elegir entre nacionalismo (español, vasco o catalán es lo mismo) o sociedad civil, o sea, entre partitocracia estatal (la nacionalista tambien es estatal) o democracia formal.

El lenguaje de la libertad y de la verdad es idioma extranjero para los partidos estatales. Y el vuestro ya comienza a parecer chino. Pero no hay problema. El MCRC no es un partido, y nadie le puede exigir que se presente a las elecciones o que establezca alianzas con los nacionalistas que se llaman republicanos y legitiman en los parlamentos a la Monarquía. La República tiene otros ideales y otra dignidad. Que nuestro dialogo sea inutil, no debe preocuparos, y podeis aconsejar que no cunda el desánimo en un movimiento que crece en progresion geométrica. A nosotros no nos preocupa vuestra miope visión, pues los dos tipos de oportunismo reformista siempre llegan tarde a la meta, pero llegan. Y alli nos abrazarán como hermanos de toda la vida. [AGT]

Perversa ley electoral

¿Qué interpretación hace del artículo hoy publicado en diario “El País” de Ignacio Sotelo donde reconoce abiertamente que España está inmersa en un sistema partitocrático fundamentado básicamente en una perversa Ley Electoral? ¿Cree usted que en su buena fe, o piensa que se está adelantando a planteamientos del tipo MCRC para que el actual sistema, basado en el consenso y la monarquía, no caiga? [Comentario original]

Conozco bien la trayectoria oportunista de ese pseudointelectual. Se adelantó a sus compañeros de partido criticando la corrupcion de la ultima etapa de Felipe González. Tiene la mentalidad típica de un reformista “a fortiori”. No cree en nada. Zapatero hace guiños a la República, abrazado a la Monarquía. No leo a Sotelo. Si critica el sistema electoral de la partitocracia, hace guiños a la democracia representativa abrazado a un partido estatal. Pero ni uno ni otro harian esos gestos si no vieran que la República Constitucional propugnada por nosotros gana terreno cada día. [AGT]

La solución es imposible desde dentro

En un mundo en el que es imposible conocerlo todo, hay que aferrarse a teorías sobre las cosas para poder conceptualizarlas y razonar con ellas. Como tal en el mundo popperiano las definiciones han de ser perfectas. Cuando razonando basandose en los hechos se llega a una conclusión lógica, aceptarla tiene que dejar fuera el concepto de extremismo: si para pasar al otro lado del muro la solución es abrir la puerta y pasar, será un acto resolutivo sin importar que sea considerado de extremo, radical o revolucionario.

Lo que tenemos hoy como Democracia, no lo es, y en este punto es como el caso de la embarazada, o lo está o no lo está, pero no se puede estar un poco embarazada y arreglarlo con un poco más de embarazo. No hay democracia porque no hay independencia de poderes ni gobierno representativo con mecanismos de control para los ciudadanos. Y si no hay democracia, no hay democracia. No insisto, ha quedado claro. Es un argumento comun achacar falta de perfección o alegar mejorabilidad a la monarquía de partidos por parte de los que me tomo la licencia de denominar “reformistas”. O están en un error o están mintiendo, ya sólo la buena fe distinguirá a unos de otros, a los que yerran de los que mienten.

Los reformistas buscan el origen de los males achacables a la monarquía de partidos en la mala fe o mal hacer de las personas que lo administran, ya sea desde el gobierno, desde la justicia o desde el parlamento. No son las personas las que deforman el sistema, es al revés, es el sistema el que necesariamente corrompe a las personas. No hay ningún control sobre el único poder soberano. ¡Pero si la soberanía recae en el pueblo! Menuda patraña. Demagogia oligarca.

Cuando se buscan las causas sin conocer el problema se dan hechos que son inexplicables o contradictorios respecto de la óptica reformista. ¿No se sabe por qué Garzón procesa el caso en contra del dictamen de la A.N.? Pues claro que se sabe, pero es inexplicable desde esa óptica. Sin embargo, conociendo el problema, sabemos de dónde parten todos los tentáculos del poder.

El pacto secreto entre los herederos de Franco, Suarez por la Falange, y los partidos ilegales PSOE y PC, enterró la libertad política de los españoles para repartírsela ellos en un sistema de partidos en el que ninguno perdiera todo (sistema proporcional) y todos salieran ganando (partidos estatales). Desde entonces las ideologías militarizan la sociedad en bandos que luchan por obtener su banquete en el estado. Los reformistas creen ingenuamente que llegará al poder un bando que será el que acabará con los banquetes de estado a costa del resto de españoles.

Cuando la solución se hace evidente y es visionada por un alma de buena fe, ya no podrá reconocer en esta oligarquía de partidos estatales legitimidad alguna. Si la solución es considerada de extrema, radical o revolucionaria, es irrelevante porque lo opuesto, o sea lo centrado, lo suave, lo continuista, la reforma, no es solución al problema político de España. Para que lleguemos a la democracia, tendremos que actuar nosotros, ningún régimen nos la va a regalar.

La democracia construida desde abajo con la legitimidad que otorga la libertad de acción individual a la libertad política que genera, será ella misma la garante a partir de entonces de esa libertad política que la engendró. La democracia constitucional establecerá la independencia de poderes y regirá el principio de representatividad en nuestros gobernantes. Y entonces habrá otros problemas, pero el de la libertad política, el de la servidumbre voluntaria estará definitivamente resuelto.

Los reformistas se apoyan en lo bien que está aguantando la constitución el paso de los años y en asumir que sea lo mejor a lo que aspiramos, por considerarlo el menos malo de los sistemas sin darse cuenta de que más duró Franco y había algo mejor pero la solución es imposible desde dentro.

un abrazo a todos

Democracia, no utopía.

La utopía es un ideal definido en abstracto inalcanzable en lo real.
Así por ejemplo: desde el motor más rudimentario hasta los más ultramodernos, necesitan de una fuente de energía para funcionar. Se puede mejorar la eficiencia del ciclo pero siempre se necesitará de una fuente externa para mantener el movimiento.

Sin embargo, existe el ideal de móvil perpetuo cual molino que es movido por el mismo agua que eleva para que le impulse. O como un generador eléctrico que se moviera a partir de la energía que él mismo proporcionaría. Cualquiera de esos dos ejemplos, se dan en el ideal, pero en la realidad están parados.

Análogamente se piensa que la democracia es un ideal, de lo que en España tenemos una realización terrenal, por tanto imperfecta, y entonces mejorable simplemente mediante ¡más democracia!. Y mientras se añade más y más democracia se sabe que siempre será perfeccionable.

La democracia pura sin embargo es un sistema real que nada tiene que ver con el sistema de oligarquía de partidos actualmente en España. Teniendo en mente el ideal de democracia, si trazáramos dos rectas que a lo largo del tiempo representaran la democracia ideal y el sistema real a comparar, la recta que representa nuestro sistema de oligarquía de partidos y esta recta imaginaria que conduce a la democracia ideal, veríamos que son efectivamente paralelas, nunca se cruzan en un punto, porque ámbos sistemas son excluyentes en definición: si hay oligarquía, no puede haber democracia, y si hay democracia, no puede haber oligarquía (porque son regimenes que definen relaciones entre los poderes que son distintas).

Por contra, la democracia pura, como sistema real, representado sobre este plano imaginario en el que coexisten las rectas de la democracia ideal y el sistema de oligarquía de partidos, es un punto sobre la recta de la democracia ideal.

¿Pero cómo puede entonces la democracia pura ser un sistema real y sin embargo llevar a la democracia ideal, si ésta es una utopía? Me reafirmo, la democracia ideal no es realizable por ser ideal, pero hay que hacer una matización fundamental:

La recta del sistema de oligarquía nunca podría alcanzar el último punto en el horizonte a la democracia ideal porque las dos rectas son paralelas. Sin embargo la razón de que la democracia ideal nunca podrá ser alcanzada por la senda que toma la democracia pura, no es por no ser convergentes, sino por estar infinítamente alejada, es que lleva a una utopía en el tiempo (la democracia pura por ser real no es perfecta).

Pero entonces, ¿Cómo dar el salto de la recta de la oligarquía a la recta de la democracia pura, un punto de la recta de la democracia ideal? Pues aquí me gustaría escuchar argumentos que me pudieran convencer de que basta una reforma (continuidad) del sistema oligárquico para deslizarse hacia la recta de la democracia, pero tendrían que ser argumentos que demostraran que el espacio entre las rectas fuera continuo (valga la analogía). ¿Qué parámetros hacen que esas rectas sean paralelas y no la misma? pues uno por ejemplo sería el sentido de la legitimidad de los poderes. Mientras que la legitimidad en la oligarquía viene de arriba hacia abajo (más concretamente en España parte de Franco, pasa a S.M. Juan Carlos y de ahi para abajo), en la democracia pura, esta legitimidad parte de los ciudadanos, que en virtud de su libertad de acción individual, obtienen su libertad política colectiva (de abajo hacia arriba).

Esa discontinuidad en el sentido de la legitimidad, hace que la reforma no sea una vía real de llegar a la democracia pura. Cualquiera que defienda la reforma como medio de llegar a la democracia pura, estará planteando un camino a la utopía, en el que la línea de la oligarquía se abrazará sin tocar en una espiral sin fin la recta de la democracia. ¿o cómo si no se puede reformar el sentido de la legitimidad de los poderes sin anular la legitimidad anterior y sustituirla por la nueva, lo cual supone la ruptura?

La democracia es un sistema real, sólo tenemos que darnos cuenta para saber dar el salto.

Un abrazo a todos